Llevando una carga pesada,
Sujetando cadenas de emociones eslavonadas,
Quebrantadas...
Y con el cora pulverizado,
Sujetando como pude, el resto del polvo que el tiempo no se llevó.
Vengo caminando por mi desierto, en círculos...
Viendo las huellas ensangrentadas de tanto andar.
Preguntándome si valió la pena!!!
Si valió la pena haberme dejado de lado, por muchos "alguien más".
Buscando entender porque tanto sacrificio, por quienes jamás darán una pizca de bondad.
Reprochandome si malgaste mi vida.
Cuestionandome si cumplí con mi propósito.
Alzando la mirada al cielo, buscando algún Dios que me perdone.
Porque yo nunca me pude perdonar, y preferí perdonar lo que no debía haber tenido misericordia.
Y de tantos ecos, por las voces hambrientas de redención,
Me entregué sin pensarlo, a la deriva, a mí intuición.
Destruí mis propias corazas por instinto de supervivencia!
Dejé que mis demonios me atormenten, años tras años.
Hasta que un día, cayendo bien ondo, en los confines de la desolación y el abandono..
Devore mi maldito orgullo.
Y quede desnudo, tendido en suelo, aceptando mi derrota.
Abrazando lo simple, la nada, la soledad, lo trivial.
Y me volví uno mismo con mi dolor, encarnando la aceptación, y la idea de que todo tiene un determinado momento.
Y la vida pasa, y las dudas vuelan, y las puertas se cierran.
Pero por gracia de Dios, alcancé a subirme al último vagón del tren.
Y fue la última vez que me ví a mi mismo, autodestructivo.
Y fue la última vez que supieron de mí.
Porque parti bien lejos, sin mirar hacia atrás.
Dando el salto mortal, desafiando todos mis miedos, para empezar como el Fénix.
Y de aquellas pocas cenizas que mantuve, volví a resurgir.