Todo lo que toco, muere.
Cómo un simple espectador, sin poder participar en la vida de nadie. Porque cuando se abre la puerta, es el final de la historia.
Anhelado ser acariciado y amado, aún sabiendo que nadie me podrá corresponder jamás.
Me siento muerto, pero rebozado en vida. Con tantos sentimientos para regalar, aunque nadie los pueda aceptar...
Con tanto tiempo para compartir, pero la soledad es mi única compañía, por el resto de la eternidad.
Ojalá pudiera ponerle fin a este martirio, con el filo de mi guadaña, con tal de volver a respirar.
Deseo ese último aliento fugaz, que por un instante, al menos, me haga recordar, lo que significa sentirse vivo... Aunque sea por una última vez... Aunque sea al final.