A cada paso que dimos, siempre estuvimos conviviendo juntos a la par. En una simbiosis auto-impuesta, por convicciones que nunca pude desnaturalizar.
Alimentándose como parásitos, de las cosas buenas que he vivido. Defecando sobre mis sueños, y estacando su descendencia en el fondo de mi ser... A punto de eclosionar.
Se que me están haciendo daño, pero no es posible escapar a tiempo, cuando ya estás bailando con ellos, el vals.
El vaso siempre estubo lleno, pero por culpa de las gotas que insistían en rebalsarlo constantemente.
Me leyeron siempre la mente, y me susurraron al oído mentiras que creí ciegamente. Sin embargo, no los puedo evadir ni engañar. Por culpa de ellos, no puedo ser capaz de perdonar, no puedo ser capaz de amar.
No puedo sanar mis heridas más profundas por no lograr dejar el pasado atrás.
Creí que eran mis corazas, mis defensas. El bastión que me construí para no volver a llorar. Porque me prometí que nadie más, jamás me iba a volver a lastimar. Pero me convertí en lo que nunca quise ser. Coexistiendo con esa parte inocente reprimida en algún rincón dentro de mí, y con una parte obscura, a la que le tengo miedo dejar salir.
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