No debemos de preocuparos por las miradas que
otros tendrán de nosotros, ni por las cosas que dirán a nuestras espaldas, ni si quiera, por como nos juzgarán.
No siempre las miradas y las palabras son malas. A veces hay algunas de ellas, que dicen que tú y yo, somos luceros que brillan constantemente e
iluminan el camino de alguien más.
Y cuando te des cuenta de ello, sabrás que aún no estás hundido, que todavía hay esperanzas, y debemos remar hasta el final del camino, para ayudar a quien se sienta en la más profunda oscuridad.
Iluminar el camino de alguien, de la misma manera en que nos ilumina alguien más.
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