Salvaje, mi espíritu indomable, que se oculta en mi
habitación, deseando como loco galopar por tus sinfines de praderas.
He nacido para vivir en libertad,
Y la que tú me has dado, es más de la que jamás pude
imaginar.
No te das cuenta que no puedes abandonar las paredes de este
cuarto, cuando arde en llamas de pasión, cuando mi piel se
topa con el verdadero amor.
Tú no entiendes que respiro muerte si te vas por esa puerta, porque te llevas lo que me queda de vida contigo.
Mis manos han planeado suicidarse de la par, ya que tu cuerpo les
ha prohibido que no lo rosen por esta noche.
¡Ay que desgracia la mía, que te vas y no miras atrás!
Te has dormido en tu propio silencio y sé que no me vas a
contestar.
Te marchas sin tener compasión, me dejas solo en un rincón.
Me llevas a la locura absoluta y a la eterna desolación.
Salvaje se vuelve mi corazón al no ser capaz de latir por si mismo.
Te vas sin saber cuanta falta me haces,
sin saber que cuando me des la espalda, mi último aliento se irá.
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